Andalucía

COCINA VIAJERA: ¿A qué sabe el Valle del Genal?

Hoy la Cocina Viajera se traslada a una tierra de bandoleros, así es la Serranía de Ronda, un lugar cargado de historia y que enamora a todos los visitantes con cientos de rincones por descubrir. Hoy visitamos el Valle del Genal, puente entre la ciudad del Tajo y el Estrecho de Gilbraltar, de vuelta a mis orígenes porque aunque nacida en el País vasco mis raíces están en esos pequeños pueblos blancos de entramadas callejuelas.

Un Viaje para deleitar los cinco sentidos, el Valle del Genal sabe a Castañas en otoño, a chacina recién hecha, a quesos de cabra. Huele a buena gente, a tradición, donde los gatos pasean por las calles mientras las gentes se cuentan su día. La vista se enloquece porque tanta belleza no cabe en ninguna foto y suena; pues suena a naturaleza, a brisa, a tranquilidad,  a Nada.

Empezamos nuestro viaje por una serpenteante carretera de montaña y nuestra primera parada es en Gaucín, el primer pueblo del Valle del Genal que da entrada desde el Campo de Gibraltar. No puede faltar en esta visita la subida al castillo del Águila el punto más alto del pueblo, una fortaleza que se encuentra sobre un cerro a 688 metros de altitud, allí se ubica también la ermita del Santo Niño, que data del siglo XVII.

¡Cuanta historia en un pueblo tan chiquito!. En este rincón tan escondido nació mi padre y siglos antes murió Guzmán el Bueno mientras defendía la pequeña fortaleza de los musulmanes, también hasta aquí llegó San Juan de Dios y trajo con él al Santo Niño, que tanta devoción ha suscitado en toda la comarca durante cientos de años. El pueblo fue conquistado por Enrique IV en el año 1457 , pero  no pasa a ser totalmente de dominio cristiano hasta 1485. También las tropas Napoleónicas hicieron de las suyas en Gacucín, en su quinta invasión en julio de 1810 asesinaron a todos los habitantes que se encontraron a su paso, quemando archivos municipales y parroquiales.

Llega la hora de comer y nos dirigimos a un lugar llamado La Taberna del Zorro, donde antiguamente había una tienda, situada justo enfrente de lo que es hoy el cuartel de la policía local y antigua cárcel del pueblo. Me gusta buscar el equilibrio entre justicia y sinceridad cuando hablo de los lugares que visito y os puedo asegurar que hacia mucho tiempo que no disfrutaba tanto de una comida. Pedimos varias raciones; unas costillas asadas, croquetas de jamón con sabor a verdad, a casero, a lo que tienen que saber unas croquetas, como diría mi madre «con sustancia», de las mejores que he probado, berenjenas con miel que estaban en su punto justo de fritura, sin apenas aceite simplemente deliciosas y por último bacalao a la plancha, todo esto acompañado por un verdejo fresquito, ya que en ese momento no tenían vino de la comarca, volveré sin duda a este lugar y lo recomiendo encarecidamente. Para bajar la comida decidimos dar un paseo por las desiertas calles del pueblo, donde nos encontramos con la fuente de Seis Caños y algunas casas con escudos señoriales que recuerdan el apogeo del pueblo en siglos pasados.

Seguimos nuestro camino hacia Benarrabá, el origen de su nombre se lo deben a una tribu bereber llamada Banu Rabbah, o hijos de Rabbah, un diminuto pueblo de 26 km cuadrados donde hace 77 años nació mi madre. Benarrabá es un pueblo de fundación árabe, así lo afirman sus entramadas y sinuosas callejuelas decoradas con macetas de diferentes colores que los vecinos se encargan de regar, calles limpias, cuidadas, un pueblo de cuento.

Allí tenemos una reserva en el Bannu Rabah, un hotel rural muy pintoresco, donde puedes desconectar del mundanal ruido durante unos días y volver con las pilas cargadas. Aprovechamos para refrescarnos en su fantástica piscina y después cenamos en su restaurante Kábilas con una  terraza que ofrece  unas vistas espectaculares de la sierra, apuestan por la cocina local y productos ecológicos. Todo estaba delicioso; el chivo al ajillo, las chuletillas de chivo y la original ensalada de aguacate y naranja, muy buen trato, buena calidad y un precio correcto. No podéis iros del pueblo sin llevaros algo de su famosa chacina, siendo típicos los chorizos, salchichones o morcillas.

Toca madrugar porque hoy nos toca disfrutar de un rico desayuno en Ronda, pero de camino hacemos una parada rápida en otro de esos pequeños pueblos Algatocínotro pueblo blanco de fundación árabe., según la historia sirvió de asentamiento para la tribu bereber Altusiyin. Cuenta la leyenda que allí vivió Algotisa, hija del segundo rey moro de Ronda. Algatocín fue conquistada por las tropas castellanas a finales del siglo XV. 

Llegamos a Ronda una de las ciudades más bonitas que existen y no podíamos marcharnos sin tomar una rueda de churros, en la Calle de la Bola, columna vertebral de la ciudad donde se concentra la mayoría de la actividad comercial, una calle con mucha vida y allí se encuentra la churrería Alba donde para poder degustar una de las famosas ruedas de churros tienes que hacer cola, pero os aseguro que merece la pena.

Aprovechamos para dar una vuelta por la calle de la Bola ya que el ambiente invita a ello, además no quiero irme de Ronda sin comprar un queso de cabra Payoya en la quesería La Arriateña, un queso de categoría gourmet elaborado de forma artesanal con leche cruda, un queso ideal como aperitivo con un buen vino andaluz. La cabra Payoya una raza autóctona andaluza y ofrece leche de una excelente calidad.

 

Ronda es una ciudad de la que nadie se marcha indiferente, puedes ver a los turistas agolpados para sacar la típica foto del conocido Balcón del Coño o la plaza de Toros, cuna de la Tauromaquia y una de las más antiguas de España.Este ha sido nada más que un recorrido de dos días por algunos pueblos. Pero el Valle del Genal, es mucho más, son catorce maravillosos pueblos blancos y uno azul. Júzcar el conocido «pueblo pitufo« que le sirvió a Sony Pictures para promocionar la película Los Pitufos. Un pueblo pintoresco que merece la pena visitar, sobre todo si tenéis niños, aunque por desacuerdo con la multinacional que comercializa los derechos de la marca dejará de poder utilizar ninguna referencia a los pequeños seres azules,  el pueblo tiene intención de seguir pintado de azul.

 

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